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Miren lo recto

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Tus ojos miren lo recto, Y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante. (Proverbios 4:25) Muchos pecados comienzan con los ojos. El corazón comienza a anhelar lo que los ojos contemplan. Son como anunciantes personales que nos informan sobre todas las opciones que tenemos a nuestra disposición. Su rango es enorme, pero no disciernen de manera natural. Absorben todo, y en nuestra debilidad, permitimos que exijan demasiado. Pueden llevarnos al anhelo de Dios y de su verdad, pero también pueden extraviarnos por caminos de codicia y lujuria. Jesús impactó a sus discípulos con una advertencia en cuanto a nuestros ojos. Si uno de ellos hace que pequemos, debemos sacarlo y desecharlo (Mateo 5:29). ¿Es el ojo realmente tan corrupto? No, pero el pecado es así de serio. Hay que lidiar con él. Y la primera manera práctica de hacerlo es protegiendo los ojos. Así como somos responsables de las cosas que llenan nuestro corazón y de las palabras que produce nuestra lengua, también somos respon...

Sabiduría para avanzar

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Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande? (1 Reyes 3:9) Salomón, hijo del rey David, fue su sucesor. David era un líder inusual, un guerrero victorioso, un administrador hábil, un estadista de cualidades superlativas. Ahora, Salomón, todavía joven, está tomando el trono. ¿Qué hay que hacer? Lejos de embriagarse de poder, consideró pertinente pedirle sabiduría a Dios. Podría haber pedido riquezas, salud, un ejército bien equipado y la victoria sobre sus enemigos. Pero pidió sabiduría para gobernar. Pidió un corazón comprensivo para juzgar a la gente. Pidió prudencia para discernir entre el bien y el mal. Dios le concedió a Salomón la sabiduría y como consecuencia de ese clamor y su promesa cumplida, vino una gran riqueza y un enorme prestigio. Su reino era más grande que el de su padre. Amplió sus fronteras, amasó una fortuna colosal y una fama incomparable. ¡Ah, cóm...

Purificados y afirmados

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Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. (1 Pedro 5:10) Los recursos de Dios no solo son suficientes, sino también ilimitados, y en consecuencia siempre serán mayores a nuestras necesidades. Si enfrentas hoy una prueba, puedes descansar tranquilo, detrás de ella existe un propósito más elevado que El Señor, a su tiempo, en el tiempo que realmente necesitas, Te dará a conocer. Podría sospechar David que luchar contra un oso o un león lo haría apto para enfrentar a Goliat. Al ahuyentar a tales depredadores de su rebaño usando su honda, probablemente no reparó en la preparación que Dios estaba llevando a cabo en él, afinando y perfeccionando su puntería. Sin embargo, la conclusión final solo podía ser una, ninguno de dichos incidentes fueron por casualidad, El Señor estaba obrando en aquello que David necesitaría (Y de allí, una segunda verdad, Dios s...

Sostiene mi mano

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Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo. (Isaías 41:13) Tender la mano para saludarnos es una señal de bienvenida. Ofrecer nuestra mano a un niño cuando vamos caminando en medio de gran cantidad de personas o en la acera, muy cerca de la calle, es señal de protección, acariciarlo cuando llora es muestra de compasión y consuelo. En momentos de dolor, angustia o de gran emoción podemos tomar la mano de un familiar o amigo para demostrarles que cuentan con nuestra presencia; para decirles «Estoy contigo». En el lecho de un hospital, apretamos la mano de un ser querido enfermo, para hacerle saber que, en medio de nuestro corazón afligido por la situación, nos fortalecemos para hacerles saber que sufrimos con ellos. Cada vez que tomamos una mano, estamos dando testimonio de aquello que Dios ha sembrado en nuestro corazón. Y es que, es ello, el retorno al Señor del amor que nos demuestra cada día. Él nos brinda Su mano incondiciona...

Pies protegidos

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Examina la senda de tus pies, Y todos tus caminos sean rectos. (Proverbios 4:26) El consejo de este versículo no es sabiduría inusual; podría oírse de la boca de casi cualquier padre, en cualquier campamento de entrenamiento militar o psicólogo o experto en manejo emocional. El asunto para nosotros como creyentes es cómo definir sus términos. ¿Qué significa «recto»? ¿Cuáles son los caminos seguros? Encontraremos un enorme desacuerdo entre lo que el mundo considera recto o seguro y las indicaciones por las que Dios nos guía. Mira a Abraham, por ejemplo. Él pensó que había elegido el camino recto y seguro cuando tuvo un hijo con Agar, tratando de cumplir la promesa de Dios (Génesis 16). Parecía que era la única manera racional. No obstante, el camino de Dios, aunque no era racional para los estándares humanos, era un sendero muchísimo más seguro. O mira a Jesús como otro ejemplo. ¿Quién de sus discípulos le habría dicho que el camino a la cruz era el camino de sabiduría? Según sus estánd...

Arrepentimiento y acción

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  «Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos?    Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.» (Lucas 13:1-5) Cuando nos acercamos a Dios, el arrepentimiento juega un papel vital en nuestra relación con Él porque este significa una acción a tomar. En el momento en que dañamos a alguien con nuestras acciones o incluso al dañarnos nosotros como resultado de esas mismas acciones, necesitamos no solo perdonarnos y pedir perdón al Señor, únicamente, sino arrepentirnos, porque ello implicará un cambio de mentalidad y con ello un cambio de actitud. Muchas personas piensan que el arrepentirse, significa “sentirse mal” por el daño cometido, y sentirse mal, es parte del dolor de reconocer nuestro error. Arrepentirnos significa convertir ese dolor en acciones y transformarnos en espíritu, para convertirnos en la creación que Dios nos ha llamado a ser. Las escrituras de h...

Poder sin límites

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  «Así dice Jehová, el que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas; el que saca carro y caballo, ejército y fuerza; caen juntamente para no levantarse; fenecen, como pábilo quedan apagados. No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad» (Isaías 43:16-19). Dios, es el creador de todas las cosas, sólo Él domina, cambia y determina en ellas su naturaleza. Con las palabras de estas escrituras, Isaías recuerda cómo Moisés fue guiado por el Señor, a abrirse camino en el mar, donde ningún camino había sido levantado. Cómo su fuerza hace insignificante cualquier intento de someter su voluntad. Se nos recuerda además que el pasado y el futuro le pertenecen al Señor: “ No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas ” y se nos exhorta a evitar hundirnos en los recuerdos y por el contra...