¿A quién iré?
« Se llenó de amargura mi alma, Y en mi corazón sentía punzadas. Tan torpe era yo, que no entendía; Era como una bestia delante de ti. Con todo, yo siempre estuve contigo; Me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, Y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre» (Salmos 73:21-26). Si la gracia de Dios, no fuera suficiente, no podríamos vencer la tentación y librarnos del daño que puede causarnos. Dios quiere que seamos más que vencedores. La tentación que proviene de la envidia o el descontento, es la que más causa dolor en el cristiano. El salmista por eso reconoce que fue su necedad e ignorancia lo que lo llevó a sufrir. Si en algún momento de nuestra vida el poder de la tentación nos impulsa a hablar o actuar mal, seguramente como el salmista estaremos avergonzados. Recordemos que la victoria sob...